¿Quieres que acaben con todo?

Hace unos meses, los dos grandes sindicatos, usaron un lema muy desafortunado: “Quieren acabar con todo”. A primera vista, el lema parece muy oportuno. Pero meditándolo, me di cuenta que, indirectamente, podía fomentar la impotencia, el desempoderamiento de la persona receptora. ¿Por qué? Una de las razones es que solo aparecen “ellos”, los que quieren acabar con todo. En cambio, los que queremos impedirlo, “nosotros”, no aparecemos, con lo que se consigue que nuestra atención este fundamentalmente en lo que “ellos” hacen. Mientras que si hacemos una pequeña variación la cosa puede cambiar bastante: “¿Quieres que acaben con todo?” probablemente incite a la acción de una forma más explícita y sólida.

Comprueba por ti misma la diferencia entre una frase y otra. Primero piensa: “Quieren acabar con todo” y nota cómo te sientes, en qué piensas, qué asociaciones haces, etc. También date cuenta, si además de indignación, rabia, etc. te sientes más o menos impotente, es decir más o menos capaz de actuar. A continuación piensa: “¿Quieres que acaben con todo?” y nota cómo piensas, qué sientes, qué implicaciones percibes. Y presta atención si te sientes más o menos capaz, más o menos empoderada. Ahora contrasta tu percepción de una expresión y de la otra. Lo más probable es que, en la primera, te sientas más impotente  y en la segunda más empoderada, aunque no necesariamente.

¿Sabes por qué “¿Quieres que acaben con todo?” es más probable que influencia positivamente a la personas? Por dos factores. El primero es que los que estamos en contra, “nosotros”, aparecemos y por tanto estamos presentes y podemos hacer algo, nuestra atención está en “nosotros” y en “ellos”, nos damos un espacio de existencia a “nosotros” y eso facilita que podamos hacer conexiones potenciadoras y pasar a la acción más útilmente. El segundo elemento que mejora la frase es la interrogación. Una interrogación suele implicar más al sujeto lector. Hay varios investigadores que resaltan esa tendencia, por ejemplo Frank Luntz en su libro La palabra es poder, página 93, dice: “Cuando se realiza una afirmación, ya sea en política como en los negocios o en la vida diaria, la reacción del oyente depende de alguna forma de la opinión que tenga el interlocutor. Pero si se hace la misma afirmación en forma de pregunta retórica, la reacción se convierte en personal, y la comunicación personalizada es la mejor.”.

A cuenta de las manifestaciones del 19 de julio, los dos sindicatos, vuelven con otro lema parecido: “Quieren arruinar el país”. Hay que decir que el subtitulo mejora: “Hay que impedirlo. Somos más.” En mi opinión el título principal peca de lo mismo que «Quieren acabar con todo?», demasiada atención a “ellos” y a lo que “ellos” están haciendo y nada al “nosotros” que queremos impedirlo y lo que podemos hacer “nosotros”. Parto de la hipótesis que los lemas que usan los sindicatos desempoderan y que los lemas que propongo, probablemente empoderarán.

También hay que tener en cuenta cómo se usan los lemas; un lema no es la campaña. Hay que vestir los discursos conectados con esos lemas. Si no se conectan en los discursos, notas de prensa, etc. de maneras potenciadoras entonces perderán efectividad.

Este es un ejemplo sencillo pero potente de cómo, a veces, pequeños matices en el lenguaje ayudan a las personas a funcionar potenciadoramente. Por ello es muy importante ser cuidadoso con el lenguaje y comprobar el efecto que tiene, ya que muchas veces lo damos por supuesto sin obtener retroalimentación de si funcionabien o mal.